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LA BIBLIA FRENTE AL DESAFIO DEL POSTMODERNISMO


Por:

Dr. Federico A. Meléndez

Introducción

Como en muchas de las denominaciones con las que nos identificamos algunos de nosotros, yo conocí el evangelio en una Iglesia evangélica allá por los años 70.

Nuestra denominación, como ha sucedido con la gran mayoría de iglesias ha sufrido una serie de transformaciones derivadas de las profundas influencias que han llegado al país desde finales del siglo XX y principios del siglo XXI.

Esas transformaciones simplemente le llamaremos globalización, un término más conocido que el concepto de Postmodernidad, que es más aplicado al terreno filosófico europeo y norteamericano. Globalización es para nosotros mucho más visible debido a todas las transformaciones que ha sufrido el mundo en los últimos años, y que directa e indirectamente han afectado nuestro país.

En el corto periodo de 30 años, desde mi conversión al Evangelio en los años 70, a la fecha, he sido testigo de grandes cambios sociales, políticos, económicos y religiosos de Guatemala, y que han ocurrido delante de mis propios ojos. Agradezco a Dios que me permita ver y ser parte de esos cambios, y como educador conducir a mis estudiantes, a través de las luces y sombras de esta época tan compleja, y tan llena de desafíos.

Los años 70 en Guatemala

Para las personas mayores de cincuenta, los 70 fue la época de nuestra juventud.

Cuando todavía el dólar se cotizaba con el quetzal, y el transporte público costaba cinco centavos de quetzal. En el ambiente político estábamos bajo las sombra de los militares y los golpes de estado eran cosa común.

Recordábamos canciones de “protesta” como casas de cartón del grupo Tabaré, y la música del cantautor nicaragüense Mejía Godoy, “Quincho Barrilete”. Esta música expresaba el ambiente social e ideológico de la época, cuando la guerrilla se enfrentaba con el ejército y en ocasiones nos sacudían los llamados “atentados terroristas”, no de grupos religiosos como Al Qaeda o de Bin Laden, sino de las FARC, “Fuerzas Armadas rebeldes revolucionarias.”. Guatemala era devastada en aquel entonces por la lucha ideológica contra el ejército, que entonces era la clase política gobernante. Estados Unidos simplemente era el patrón detrás de la bota militar.

En nuestra iglesia los jóvenes cantábamos los coritos que ahora son de “antaño”, entre los que recordamos particularmente: “Cristo Jesucristo, maravilloso es Jesús, su rostro brilla más que el Sol…”

La Globalización y sus efectos en Guatemala: la nueva música y la tecnología digital:

Por los años 90, los coros que antes cantábamos, y que eran tan populares entre nosotros, empezaron a ser sustituidos por otro tipo de música, ritmo y contenido, que empezaban a transmitir una nueva dimensión a nuestra espiritualidad cristiana. Esta vez con un nuevo énfasis en la experiencia de “sentir” a Dios en los profundo del alma, tal el caso de los nuevos coros que tuvimos que aprender, y dentro de los que destaca uno muy especial que recuerdo particularmente, y que solíamos cantar en el 2000 con nuestros estudiantes del Seminario: “Que sería de mí, si no me hubieras alcanzado…donde estaría hoy si no me hubieras perdonado, Habría un vacío en mi corazón…”

¿Qué es lo que estaba pasando?, ¿Cómo y en qué sentido los rápidos cambios en la música que cantábamos hacía pocos años, se estaba quedando atrás?, ¿Cómo diríamos que lo que para nosotros era lo moderno, para las nuevas generaciones ya no tenía mucho sentido?

Se empezaron a escuchar los nuevos nombres de Marcos Witt y Marcos Vidal, cuya música ya no se escuchaba en discos convencionales, cuyos aparatos requerían de las famosas “agujas”, con las que tocábamos nuestros “long play” en los años 70, para que pudieran  reproducirse, sino los nuevos discos compactos digitales. ¿Qué estaba pasando?

Los cambios han sucedido tan rápidos durante el curso de nuestra vida, que los que ahora somos adultos, y que nacimos el “siglo pasado” tenemos que aprender las nuevas estrategias digitales para sobrevivir en un “mundo joven”. Quienes nos enseñan ahora las nuevas técnicas digitales del Internet, son los jóvenes bachilleres en computación y los ingenieros en sistemas que ya nacieron con la computadora bajo el brazo.

Las computadoras apenas eran conocidas en Guatemala en los años 70, su introducción es de los 80, y su apogeo en los 90. Windows 95, con el que aprendí el alfabeto computacional, ahora está totalmente desfasado. Ahora tengo que aprender (como todo un analfabeto de la digitalización), a distinguir entre Windows 2003, a Windows 2007, el nuevo Windows vista, y otras peculiaridades que ignoro, pero que mis hijos ya son parte de ella. Hasta el concepto “Windows”, dice que estamos ahora en las nuevas “ventanas” del universo digital. La nueva tecnología no es en español, sino en el idioma de la globalización: el idioma inglés.

La Neopentecostalización de las denominaciones y la liturgia cristiana:

Los efectos de la globalización en Guatemala, particularmente sobre la vida de la iglesia no se hicieron esperar con la introducción de la nueva música digital.

Esta Globalización religiosa le llamaremos Neopentecostalidad, cuya utilización de los medios masivos de  comunicación y del marketing para promocionar la imagen de la iglesia, de sus predicadores y cantantes, así como del crecimiento masivo en forma de mega iglesias y de la prosperidad económica propia del capitalismo global, quedaron enmarcados como puntos de referencia.

Atrás quedaron los años cuando la primera historia Protestante de la Iglesia en Guatemala fue introducida por las grandes denominaciones, Los Presbiterianos, Los Bautistas, Los Pentecostales, Los Metodistas, los Nazarenos cuando hicieron su arribo a Guatemala a principios del siglo XX. Hoy cien años después, todas estas iglesias han sufrido transformaciones internas que han generado en otro tipo de iglesias y denominaciones, o han resultado en las megas iglesias contemporáneas.

Hoy, las mega-iglesias son la “moda” del fenómeno de la postmodernidad. No que no haya habido iglesias numéricamente grandes anteriormente, sino ahora, el énfasis es hacia el crecimiento numérico, acompañado en muchos casos de las consiguientes señales y prodigios que las acompañan. Para muchos, las denominaciones ya no cuentan; ahora todo se centra alrededor de las nuevas megas iglesias, que son denominaciones en sí mismas, y cuyo poder se centra en los nuevos líderes, muchos de ellos apóstoles de los nuevos movimientos religiosos postmodernos. El concepto griego de “mega”, ilustra las nuevas corrientes de nuestros tiempos en el mundo secular, tales como los mega mercados, con sus amplias ofertas y enormes parqueos, tal como lo expresa Arturo Piedra:

“El campo religioso se ha visto presionado por la idolatría del crecimiento y de las ambiciones megalómanas. Las iglesias son presionadas a embarcarse en proyectos de líderes religiosos que, por haber construido mega iglesias, se sienten llamados a exhibir su ego manía…Por eso es que las congregaciones pequeñas no encuentran cabida en la megalomanía evangélica. De ahí la presión que sufren para crecer cueste lo que cueste, independientemente del sacrificio de los principios que ello implique.”

(¿Hacia dónde va el Protestantismo?, herencia y prospectivas en América Latina, 2003: 16).

Así como nuestras pequeñas tiendas de los barrios han ido desapareciendo ante el enorme poder de los hipermercados, así también las mega-iglesias parece que se van a devorar a las pequeñas. Las pulperías al igual que las iglesias pequeñas desaparecen, porque ya no sirven al cometido de los tiempos en los que vivimos. Juan Sepúlveda, destacado teólogo pentecostal chileno, al identificar el movimiento neopetecostal para diferenciarlo de los pentecostales dice:

“Si abordamos la pregunta desde el punto de vista histórico, el llamado neopentecostalismo, no es una derivación o desarrollo del pentecostalismo clásico. La mayoría de los movimientos neo pentecostales han derivado de movimientos carismáticos de iglesias tradicionales…si bien el pentecostalismo clásico ha producido también líderes y figuras importantes, la organización eclesiástica suele ser mas institucionalizada, en cambio el modelo empresarial de las organizaciones neopentecostales gira completamente en torno al líder (Juan Sepúlveda 2004:25).

Sepúlveda habla del modelo empresarial de las nuevas iglesias neopentecostales que giran alrededor del líder fundador y del uso masivo de los medios de comunicación. Como es bien sabido, cada mega-iglesia tiene todos sus servicios, sus propios edificios, sus propios programas, sus colegios privados, sus propios medios de comunicación; son verdaderas empresas religiosas que han logrado desarrollar una enorme influencia social y cuyos resultados están aún por verse y evaluarse con ojos críticos.

No cabe duda que las mega-iglesias, son los efectos directos de la globalización económica y de la cultura postmoderna que nos toca vivir. ¿Será entonces como se supone que las denominaciones tradicionales ya cumplieron su papel histórico? ¿Será que con los nuevos movimientos de apóstoles y profetas de algunas de las mega-iglesias, las iglesias institucionales están llegando a su fin? ¿Será que los nuevos modelos eclesiales son ahora los neopetencostales, y que todos debemos ver hacia esos modelos de éxito numérico y de expansión constante, y de influencia social?

¿Qué es lo que entonces llamamos la Neopentecostalización de la iglesia?, es simplemente la profunda influencia que han ejercido y ejercen los nuevos modelos eclesiásticos sobre las iglesias tradicionales, especialmente sobre la expansión numérica, la influencia social y la liturgia, sobre las iglesias tradicionales. Particularmente me quiero referir a los nuevos estilos de alabanza y de expresión musical. De hecho, creo que no hay iglesia histórica ni pentecostal que no cante la nueva música digital y los ritmos de los compositores cristianos contemporáneos. Para mí, particularmente, este nos es el problema, de hecho, comparto mucho lo lúdico del culto cristiano de la iglesia neopentecostal. El verdadero problema se da cuando en algunas iglesias ya no se encuentra lugar ni para el estudio bíblico ni para el discipulado que Jesús reclama. En muchos casos, la alabanza hasta ha desplazado la predicación.

Como ahora todo vale, los cristianos tenemos la opción de escoger la iglesia que mejor tenga la música para deleitarnos y recrearnos, conforme el espíritu de la época. Todo parece indicar que el énfasis de los nuevos estilos de adoración musical tiene que ver con “sentirme bien” cuando adoro. Los gritos de júbilo y lo participativo han sobredimensionado el lugar de la alabanza a expensas de la misma exposición bíblica.

De hecho, lo que atrae muchas veces es el show y el artista. Esto es particularmente cierto dentro de las nuevas generaciones y entre la juventud. La cultura visual ha invadido la cultura de la letra.

La postmodernidad y la cultura de la imagen:

Quienes somos educadores teológicos hemos visto como la nueva cultura postmoderna se ha introducido a Guatemala a través de la globalización con todos sus efectos, especialmente el que es más inmediato: la cultura de la imagen. Con ello, nos referimos a como los medios de comunicación, especialmente la televisión por cable, y particularmente la cultura del Internet han socavado todo vestigio de formación literaria, (si alguna vez la tuvieron), nuestros estudiantes.

Hoy ya no leemos, solo “vemos”, y lo que vemos no son precisamente los valores cristianos, sino los valores propios de la cultura postmoderna de los Estados Unidos. EL glamour de los galanes de la televisión, la religión del deporte, las dietas y aeróbicos, la cultura física, la lectura del tarot, los mensajitos tigo, y toda la cultura de la imagen que nos asedia. La estética es lo que cuenta, la ética ya no existe. Lo que vale es lo que se tiene, a costa aun de lo peor de nuestra sociedad: el narcotráfico y la corrupción. Lo que tanto cuesta erigir en cuanto a los valores cristianos en nuestras familias, está siendo gravemente erosionado por todas las influencias que nos rodea. Y lamentablemente muchas iglesias también han apostado por cambiar de nuevo “look”.

Ante esta situación, vale la pena recordar que en Guatemala estamos ante una sociedad de las más dispares de América Latina, con los índices más altos de pobreza y miseria, así como de violencia más grandes y alarmantes del continente, y con la amenaza constante de todos los grupos organizados de la delincuencia, desde la mas maras hasta los capos de la droga, y aun así hemos levantando monumentos eclesiásticos y religiosos del primer mundo, en vez de invertir en hospitales y escuelas que son las carencias más grandes del país. ¿Dónde están entonces nuestras prioridades? ¿Cuándo seremos capaces de ofrecer una imagen de iglesia que usa todos sus recursos para “aliviar” por lo menos el hambre de nuestro pueblo? ¿Acaso no decimos que ese papel le corresponde al gobierno? ¿Pero, no somos acaso del mejor gobierno existente, que es precisamente el gobierno del Reino de Dios sobre la tierra? Ante la tragedia que nos agobia no estamos tanto para “celebrar y alabar” las maravillas de Dios, sino de sentirnos compungidos por lo que no hemos hecho.

A pesar de todo, no cabe la menor duda que vivimos tiempos bastante complejos y difíciles, pero de gran oportunidad para la iglesia. En vez de sentirnos amedrentados ante los profundos retos que nos plante la postmodernidad, al menos entre la clase media y profesional, (porque la gran mayoría de pobres solo lo sienten el bolsillo) tenemos que buscar todos los mecanismos para presentar el mensaje del Evangelio a nuestra sociedad. En ese sentido, y para mucha de nuestra clase media el movimiento neopentecostal ha sido muy efectivo, pero en el proceso, mucho del evangelio se ha distorsionado a través de enseñanzas ajenas y falsas, y lo que es peor, en el esfuerzo de presentar el mensaje a nuestro mundo, hemos también sacrificado el mensaje y lo hemos hecho “Light” como nuestro tiempo. Tenemos como dice Cruz, cristianos de conveniencia, cristianismo a la carta que cambian de iglesia como de ropa interior. Vivimos tiempos difíciles, tiempos peligrosos, como destaca el escritor Mario Fumero:

“Vivimos en un mundo lleno de sensacionalismo, amarillismo, espectáculos y manipulaciones generalizadas en todos los ámbitos de la sociedad. No podemos negar que el espíritu dominante en el mundo de hoy también se ha infiltrado dentro de la iglesia, llevando a esta a salirse del camino recto trazado por la Palabra, para entrar en terrenos  peligros en cuanto a la formación de la vida de los cristianos… El espíritu ofertista y mercantilista del mundo también se ha infiltrado dentro de nuestras iglesias, a grado tal, que la iglesia ya no es un cuerpo funcional, sino un restaurante en donde la gente va a recibir el alimento que le gusta. En otras palabras, un menú ajustado a sus deseos y caprichos. Los pastores se preguntan: ¿cuál será el método más efectivo para hacer crecer la iglesia? Porque lo cuantitativo ha anulado lo cualitativo…Así, las técnicas de mercadeo se aplican a la actividad de la iglesia, haciendo de esta un club social y espiritual de gente religiosa que por medio de un culto, una ofrenda, y un sentido diluido y aplicado “según el deseo popular” acallan sus conciencias y encubren sus pecados…La iglesia es un gran mercado que le ofrece a cada cual aquello que más le complazca.” (Fumero, Los tiempos Peligrosos, 7,28).

¿Cuál es entonces el papel de la Sagrada Escritura en la formación de la iglesia donde predomina la cultura de la imagen? ¿Dónde quedaron los grandes sermones expositivos del texto bíblico ante los mensajes en power point de nuestros días? ¿Cómo y que estamos haciendo por lograr que nuestro pueblo recupere el amor por el estudio de la Palabra? ¿Dónde están las exégesis contemporáneas que nos invitan a profundizar en materia bíblica y teológica? ¿No es acaso cierto que una gran superficialidad espiritual y de conocimiento se haya apoderado de muchos cristianos? Vivimos en un mundo “Light” y el consumismo es la tónica de nuestros días. La iglesia nos es ajena, porque es humana, y vive inmersa en un mundo caído y separado de Dios. No debe permitir que los patrones del mundo la conformen. Estos son los grandes retos, que a mi juicio, tenemos que responder ante las nuevas incursiones del mundo globalizado y postmoderno, que aún es rescatable en nuestro entorno, puesto que en la vieja Europa y en los Estados Unidos postmodernos, los “mega relatos” como el expresado en la Sagrada Escritura, ya no tienen ninguna validez para el hombre del siglo XXI. Pero en América Latina, y en Guatemala en particular, aun creemos en Dios, y que Dios nos habla a través de su Palabra.