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ÉTICA ECONÓMICA Y EVANGELIO


Conferencia del Dr. Federico A. Meléndez

Decano Facultad de Teología U. M. G

Conferencia 28 de Junio del 2008

Introducción

Pretender cubrir en una sola conferencia lo que cada una de estas palabras: ética, economía y evangelio implica y significa, requeriría invertir varios semestres de nuestra formación universitaria solo para poder buscar algún tipo de relación entre estas disciplinas. Basta mencionar que la intención que se tuvo al considerar la relación entre estas disciplinas, nace como resultado de encontrar respuestas a un profundo problema social y económico guatemalteco en particular, y Latinoamericano en general. Me refiero al grave problema socioeconómico de la pobreza en Guatemala, y el papel de la iglesia en relación a este problema particular. La intención no es abordar aspectos técnicos de la economía en relación a la pobreza, sino buscar respuestas desde el ángulo de la ética, especialmente a la luz del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, y evaluar a la luz de la fe y el valor de la persona humana, el actual sistema económico Neoliberal, a fin de diagnosticar las fallas del sistema desde el punto de vista ético y moral. Como parte de nuestra y Misión y Visión, En la Facultad de Teología nos ocupamos en buscar respuestas a la luz de la fe, y nuestra visión es ofrecer posibles alternativas en cuanto al papel de la iglesia en nuestra sociedad. La iglesia evangélica necesita orientación en cuanto al cómo enfocar los grandes temas económicos sociales, y la relación que guarda la teología con los grandes problemas del país. Se necesitan desarrollar modelos y propuestas que respondan a las necesidades de las grandes mayorías. Rene Padilla escribió en su libro “Economía humana y Economía del Reino de Dios”, el verdadero sentido de lo que pretendo mostrar en esta conferencia: “Me anima-dijo Padilla- a incursionar en temas de economía, no porque tenga propuestas técnicas para la solución de los problemas, sino porque considero que la economía, como todas las ciencias humanas, tiene una expresión ética cuya definición no puede dejarse exclusivamente en manos de personas especializadas en economía.” (Padilla 2002: 6).

Desde el ángulo del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, ilustro la apreciación que tuvo Jesús cuando fue tentado por el Diablo cuando le mostró las riquezas y las glorias del mundo. El texto es de Mateo 4:8-10 que dice: “Otra vez el diablo le llevo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos. Y le dijo: todo esto te daré, si postrándote me adoras. Entonces Jesús le dijo: ¡Vete Satanás! Porque escrito esta: “al Señor tu Dios adoraras, y solo a El servirás.” (Mateo 4:8-10). Jesús ordeno al diablo huir de su presencia, cuando le mostró las riquezas de las naciones y la gloria material asociada con ellas. Jesús simplemente califico que no es la gloria de los bienes materiales el objeto primario de la adoración del ser humano, sino que solo Dios como creador es el único digno de adoración y servicio. Desafortunadamente, en su afán de búsqueda por lo trascendente y divino, los seres humanos hemos también deificado el lugar de los bienes materiales, y en nuestra sociedad tecnológica, materialista y consumista, el dinero y las riquezas materiales han ocupado el primer lugar.

La ciencia y la tecnología han también desplazado el lugar de Dios, y el hombre mismo se ha erigido como su propio Dios. Esto no significa que economía sea la ciencia del Diablo, ni que ninguna ciencia se asocie con Satanás. Al contrario, la ciencia y la tecnología son resultado de nuestra creación como seres inteligentes creados a la imagen y semejanza de Dios.

Para muestra, observemos lo que sucede alrededor de las ciencias físicas: Los científicos europeos han desarrollado el increíble montaje del Gran Colisionador de Hadrones, un increíble proyecto científico, que según la BBC de Londres tiene un costo de 3000 millones de Euros, y cuyo objetivo es nada menos que responder a las preguntas sobre el origen del universo y la materia.

Según el reporte, para hacer las pruebas se construyó un túnel de unos 27 kilómetros de largo, formado por gigantescas turbinas donde se dispararan partículas atómicas para investigar de que esta hecho el universo y como se inició. Esta investigación la realiza el Centro de la Organización Europea para la investigación Nuclear con sede en Suiza, CERN. En otras palabras nuestra sed de conocimiento casi no tiene límites, y hacemos cualquier cosa por investigar todo lo que está a nuestro alrededor. Tal es nuestra grandeza como seres humanos inteligentes. Pero si esa es nuestra grandeza como seres pensantes, veamos también la otra cara de la miseria e injusticia humanas y la degradación ética en nuestra actuación. Satanás mostró a Jesús las glorias del mundo, pero éste sabía muy bien que muchas de estas riquezas habían sido construidas a base de injusticias y de explotación humana. Como Jesús entendía muy bien el origen de tales riquezas propuestas por Satanás, mostró su rechazo a las asechanzas del mal y fue contundente en su evaluación de los poderes terrenales basados en las riquezas materiales. Este hecho nos ilustra a los cristianos que no podemos permitir el deslumbre de tanta riqueza mal habida, en contraste con la terrible pobreza y miseria en el mundo, particularmente en Guatemala. Tampoco podemos justificar ningún sistema económico como bendecido por Dios, como en el caso del capitalismo contemporáneo, que trata de mostrarse con rostro cristiano a través de la teología de la prosperidad. Ayer fue la teología de la liberación con tintes marxistas, ahora es la justificación de la prosperidad con tintes capitalistas.

En la investigación que realice recientemente y que condujo a la publicación de mi libro Ética y Economía, El legado de Juan Wesley a la Iglesia en América Latina publicado por Ediciones Kairos y auspiciado por la Universidad Mariano Gálvez, mostré como este ilustre Ingles, siervo y profeta de Dios encaró la realidad social y económica de su tiempo.

Como es bien sabido este profeta de Dios vivió en los inicios de la Revolución Industrial Inglesa, que coincide con el nacimiento del sistema económico capitalista estudiado y analizado por otro ilustre Ingles profesor de ética en la Universidad de Glasgow, John Adam Smith. Smith escribió en 1776, un clásico de la economía, cuyo título es “Ensayo sobre la naturaleza y las causas de las riquezas de las naciones”

En esta obra, llamada la Biblia de la economía capitalista, Smith analiza y estudia el proceso de la creación y acumulación de la riqueza como piedra angular de la economía. Sostiene entre otras cosas que la riqueza proviene del trabajo, en contra de otras corrientes de pensamiento que consideraban que la riqueza estaba solo en la tierra. Se le considera el padre de la economía política, es decir la economía que estudia las relaciones que se producen entre las diferentes clases sociales en una sociedad determinada.

Según la tesis central de la riqueza de las naciones, la clave del bienestar social está en el crecimiento económico, que se deriva a su vez de la división del trabajo. Recordemos que durante esta época surge la Revolución Industrial que especializa la mano de obra y el trabajo de los obreros, y que los nuevos dueños del capital serán los dueños de las grandes fábricas. Inglaterra surge como la primera gran potencia Europea y que llega a dominar el comercio mundial. En esta época se perfilan también las nuevas clases sociales urbanas de Europa. Como ciencia, la economía política estudia las relaciones que los individuos establecen entre sí, particularmente entre los dueños de los medios de producción, y entre quienes no los poseen. Estas relaciones se establecen a través del libre mercado y la propiedad privada. Personalmente creo que estas dos palabras de la economía, el libre mercado y la propiedad privada son y han sido el objeto de largos debates ideológicos entre los economistas y políticos, y son de particular interés para la ética y el Evangelio de Jesucristo.

Juan Wesley que vivió en la misma época de Adam Smith, muy al contrario, y en marcado contraste con lo que este enseñaba, creía que la riqueza desde el punto de vista cristiano es el peor enemigo de la fe. Como contemporáneo de Smith, de ninguna manera compartía los puntos de vista de la maximización de la riqueza o la ganancia basada en el egoísmo humano, que es parte de la maquinaria de producción y generación de la riqueza capitalista. Esta primera enseñanza nos recuerda la profunda raigambre ética de su teología y pastoral.

Por todo ello, y como un modelo para las iglesias del siglo XXI, que enfrentan los mismos graves problemas de riqueza y pobreza, lo ofrezco como modelo y alternativa. Creo que el reto más grande que la iglesia evangélica tiene en América Latina, es enfrentar precisamente el grave flagelo social de la pobreza y la miseria en nuestros países. Este profeta ingles del siglo XVIII vio con sus propios ojos la increíble miseria y pobreza de las grandes multitudes que empezaba a general el sistema. Mientras que Smith abogaba por incrementar la riqueza de Inglaterra, Wesley luchaba por remediar los efectos que esta misma generación de riqueza estaba provocando.

Las multitudes estaban huérfanas de toda protección, y el estado hacia muy poco por remediar sus infortunios.

Con este breve trasfondo básico, ubiquémonos ahora en el escenario de nuestro país y de nuestro continente. Los años 70 Y 80, vieron los discursos incendiarios de los Marxistas. Las luchas guerrilleras estaban en pleno apogeo, y el conflicto armado interno era causa común en Centroamérica. Hoy, en pleno siglo XXI, las causas que generaron la lucha armada, es decir la pobreza y la miseria de las grandes mayorías, tanto en Guatemala como en el continente entero, aún persisten y continúan agravándose. Esto explica también porque los mismos pueblos en el siglo XXI han elegido gobiernos de tendencia izquierdista, buscando a través de los medios políticos de la democracia formas de revertir su propio destino, y como la economía va de la mano con la política. Ahora bien, quien iba a creer que los cambios vertiginosos en materia política y económica, así como en la tecnológica, de los últimos treinta años, sacudieran tanto nuestro mundo, que los motivos ideológicos Marxistas de los años setenta se extinguirían para el siglo XXI. Apenas en los años ochenta, Centroamérica era la lucha de poderes entre la antigua Unión Soviética, y los Estados Unidos de América.

Los cambios fueron tan definitivos en la historia mundial, que vimos desaparecer el antiguo imperio soviético, y las dos Alemanias quedaron reunificadas. Lo que fuera el antiguo imperio comunista de la China Continental hoy ha quedado como un poderoso rival comercial de los Estados Unidos y de Europa. Para quienes tenemos más de cuarenta años, estos acontecimientos marcaron la historia y el mundo, y nuestro mundo ya no es el mismo, de hace apenas 30 años.

¿Qué ha pasado en tan solo unas pocas décadas? Pues nada menos que un proceso civilizatorio ha tenido lugar ante nuestros propios ojos: la nueva era de la globalización ha comenzado y ésta avanza inexorable en el mundo entero. Este proceso nació precisamente en el siglo XVIII cuando la Revolución Industrial dio nacimiento al sistema de producción conocido después como capitalismo. La gran diferencia con el siglo XVIII, es que ahora en el siglo XXI, este capitalismo es globalizante y globalizador. La globalización es un proceso fundamentalmente económico que consiste en la integración de las distintas economías nacionales en un único mercado capitalista mundial. EL nuevo concepto que escuchamos es el de globalización, que no es solo para referirse al poder de las grandes empresas y de las naciones e instituciones que controlan las finanzas del mundo, sino que globalización se aplica a casi todas las esferas de la vida. Los cambios vertiginosos de los últimos veinte años en las ciencias de la comunicación, especialmente del internet han marcado para siempre el destino de la humanidad.

Aún está fresco en mi memoria cuando al final de los ochenta, al menos en mi caso, recibí las primeras instrucciones de cómo operaban los programas de Windows 85, y como los equipos de computación ocupaban casi la mitad de la mesa. Hoy, tenemos el auge de las computadoras portátiles, casi del tamaño de la mano. Observamos también como las famosos videograbadoras fueron sustituidas por los equipos de DVD y las cañoneras, y las videocasetes por los discos compactos digitales. ¿Qué decir de los telefonía celular y de las comunicaciones simultaneas de las videoconferencias? Los adultos nos hemos quedado casi analfabetos ante las nuevas generaciones que manejan el mundo de las computadoras. Nuestros estéreos fueron reducidos a MP3, los I IPod, de celulares de cámara incorporada, con estéreo digital, Internet y Chat y muchas cosas más. Vivimos una fiebre de renovación constante en el mundo de la tecnología aplicada a casi todas las esferas del conocimiento humano. EL mundo ahora es demasiado pequeño, y todas las distancias geográficas se han acortado. La educación ahora es a distancia mediante los medios electrónicos del internet. Estas son las maravillas a las que con la ayuda de la ciencia y la tecnología hemos llegado al inicio del siglo XXI; el siglo que ha sido bautizado con el nombre de sociedad postmoderna, porque atrás quedaron los logros que la sociedad moderna había alcanzado. Sin embargo, observamos con profunda tristeza como esta sociedad que se ufana de tanta ciencia y tecnología, esta profundamente separada de Dios, y en consecuencia divorciada de toda ética y moral. La sociedad secular apela a la ética como disciplina autónoma para hacernos reflexionar que estamos muy mal, pero los cristianos apelamos al evangelio para construir nuestra propia ética cristiana y visión del mundo, porque no confiamos en la bondad del hombre, sino solo en la bondad de Dios. La ética, es el bote salvavidas de la humanidad, porque refleja el lado bueno de los seres humanos, y a lo largo de la historia hemos tenido muchas interpretaciones del fin último de la ética que es el bien. Pero surge la pregunta ¿Significa esto que la globalización ha logrado que estemos más unidos que antes? Lamentablemente todo parece ser lo contrario…el mundo parece estar más dividido que antes, especialmente entre quienes tienen y no tienen de los bienes del mundo para vivir una vida digna.

Una de las principales y más notoria divisiones de nuestro mundo está en la enajenación cultural que producen los mismos medios de comunicación. Tanto los programas de cable como de Internet son los instrumentos de dominio de la expresión cultural, hedonística y materialista de las sociedades industrializadas, sobre las naciones pobres.

Nuestros jóvenes quedan deslumbrados con la vida de los ricos y famosos de Hollywood, con toda su raigambre musical y estilos de vida, y no se dan cuenta que a la vuelta de la esquina están las covachas del vecino y de los niños desnutridos. La visión de los medios con la fantasía de tales mundos choca cuando se da cuenta que vive en un país pobre, del tercer mundo, lleno de delincuencia, saturado de corrupción y encima de eso sin trabajo. Por ello, constantemente mira hacia al norte como un imán poderoso para sacarlo de pobre. En mi libro cuento la historia de que en una ocasión aborde el maltrecho y mal llamado transporte público, y descubrí la oración del feo y pobre que decía: “Señor soy feo y pobre, pero quítame lo pobre porque lo feo con dinero se me quita” alguien más listo escribió con lapicero, el nombre de Michael Jackson.

El destacado escritor argentino Bernardo Klisberg considera que en el fondo de los problemas sociales y económicos de América Latina, y en nuestro caso particular, Guatemala, subyace una profunda crisis de valores, pues la ética no tiene lugar en la economía ni en las ciencias ni en la tecnología.

Como dice otro ilustre autor español, el Dr. Antonio Cruz hablando de los tiempos en que vivimos: “asistimos, en nuestro tiempo, a lo que se ha llamado “muerte de la ética”. Esta época postmoderna, con su ausencia de reglas, la ha matado. La filosofía de “todo vale” ha acabado con ella. A su funeral se presentan solo dos herederas, la estética y la belleza. Van de negro y aparentan dolor solo porque les queda bien.” (Cruz: 63).

Para ver los resultados de esta profunda crisis de la ética, veamos el caso particular de Guatemala. En este país de 13 millones de habitantes, la crisis se expresa ante todo, por la grave situación de injusticia social y económica. Veamos algunos cuadros estadísticos que nos reflejan las profundas disparidades económicas, que no debieran existir, pero que son elocuentes para verlas.

Según el documento estadístico del INE en su página de Internet que intitula ¿Cómo estamos viviendo? Encuesta Nacional de condiciones de Vida. Principales resultados 2006, muestra que de una población de 12, 987,829 en el 2006, 6, 625,892 son pobres de los cuales 1, 976,604 viven en la pobreza extrema, y 4, 649,287 viven en pobreza no extrema, es decir 51% de la población del país, es pobre. El resto son los no pobres que suman un total de 6, 361,937, un 49% del total de la población. La radiografía de Guatemala queda entonces así: de estos pobres 72% son del área rural, y 28% del área urbana. De los no pobres 69% pertenecen al sector urbano, y 31% al rural. La pobreza según el INE se clasifica como pobreza extrema, que es el nivel de pobreza en el que se encuentran las personas que no alcanzan a cubrir el costo del consumo mínimo de alimentos que es de unos Q.3.206.00 anuales por persona, que al mes suman ¡Q.267.00 solo para comer!. Por pobreza no extrema, explica que es el nivel en el que se clasifican a las personas que alcanzan a cubrir el costo del consumo mínimo de alimentos, pero no el costo mínimo adicional calculado para otros bienes y servicios. Esta cifra es de Q.6, 574. Esto significa, que la mitad de la población necesita Q.3, 368.00, adicionales solo para poder pagar mínimo de agua y luz, siempre y cuando existan estos servicios. Estos serían los pobres que no viven en pobreza extrema, y quizá posean lo que denominamos una “su covacha”, en la ciudad o en la aldea donde viven su miseria. Refiriéndose a los niveles de pobreza en América Latina, Bernardo Kliksberg en su libro Más-ética, más desarrollo, dice entre otras cosas importantes que: “América Latina presenta a inicios del siglo XXI, un cuadro extendido de lo que podríamos llamar “pobreza paradojal”. Las altas cifras de pobreza (44% de pobreza, 19.4 de pobreza extrema, CEPAL 2003) no corresponden con la privilegiada dotación de recursos naturales y ni siquiera con los niveles de Producto interno Bruto per. Cápita. Se trata de la paradoja de amplios niveles de pobreza en medio de la riqueza potencial.” (Kliksberg: 9).

No es la intención de esta conferencia mostrar las causas de esta pobreza que se remonta a factores históricos, políticos, sociales, económicos, e internacionales; basta señalar que como sociedad tenemos un cáncer de pobreza que está consumiendo lentamente el potencial de nuestro país, y de América Latina.

Se necesita con urgencia una revolución ética del amor cristiano que sea incluyente e integral cuando se trate de servir a los sectores más desprotegidos de la población, que constituyen una gran mayoría del pueblo evangélico.

Guatemala, según estadísticas consultadas es junto con Brasil donde habemos el mayor número de evangélicos. Se cree que el 20% de toda la población del continente es Cristiano Evangélico, Brasil reporta 26 millones de evangélicos, y Guatemala un 30% de la población. Todos estamos separados por una multitud de formas de gobierno, estilos, iglesias y denominaciones y nuestra única identidad es la teológica, basada en los grandes principios de la Reforma Protestante de sola fe, solo Gracia, solo Cristo y Sola Escritura. Es aquí donde el modelo Wesleyano, como expresión teológica de una gran cantidad de iglesias y denominaciones en América Latina tiene especial relevancia para nosotros. ¿Cuál es entonces esa ética económica y como informa el evangelio de Jesús dicha ética? Como ya quedo indicado, el siglo XVIII represento el nacimiento y desarrollo de la Revolución Industrial en Inglaterra. Esta revolución produjo profundos cambios en las estructuras sociales y económicas de la sociedad Inglesa. La pobreza se debía no tanto a la pereza de las personas sino al profundo desempleo y la desocupación que generaba a su vez el problema del hambre. La gravísima escasez de alimentos generada por las circunstancias particulares del momento social que vivía Inglaterra, unida al desempleo generalizado que terminaban en el hambre y la desnutrición, el alcoholismo y las terribles condiciones de trabajo de mujeres y niños, sumada al injusto sistema judicial que castiga a los más débiles, así como el abandono completo de la población en materia de salud y la carencia de escuelas para niños sin recursos, eran los elementos particulares que agobiaban el contexto social y económico de aquel tiempo.

SI lo vemos, no es muy diferente al nuestro, irónicamente, en pleno siglo XXI, descrita como sociedad postmoderna y globalizante, donde creo que ni calificamos para autodenominarnos postmodernos, como bien lo dijo un ex presidente:

“En países como los nuestros, donde la ciencia, la razón y la fe en el progreso aparecen desmentidas todos los días por el atraso industrial o la pobreza, estamos por construir aun el camino de la modernidad.” (Meléndez: 100)

Por el otro lado, junto con la descripción del fenómeno del desempleo, la pobreza y el hambre del pueblo, este profeta inglés, también describió la comodidad de los ricos y a la indiferencia de la sociedad opulenta hacia el clamor de los más pobres.

El pecado aquí es que los ricos entretenían su dinero en extravagancias y el buen comer, tal como lo había descrito Amos muchos siglos antes, y que Jesús ilustro con la parábola del rico y Lázaro. Rene Padilla refiriéndose a este particular dice:

“Aquí se plantea el contraste entre dos estilos de vida: el de la persona que se dedica a amontar riquezas para sí misma, y el de la persona que es rica para con Dios. El rico de la parábola representa al primero de estos estilos de vida…su problema es no reconocer la función social de la riqueza, el no compartir con otros el exceso acumulado, el adoptar un estilo de vida totalmente centrado en sí mismo…la necesidad del rico es un estilo de vida en que esta se equipara con la abundancia de los bienes acumulados: vivir se ha reducido a tener y a consumir, sin conciencia de Dios y del prójimo. (Padilla: 64).

El apóstol del Metodismo, que ahora pudiera llamarse Juan Pueblo, articuló un pensamiento social para la iglesia, en el sentido de presentar una crítica ética de los problemas de su tiempo, más que una teoría de relaciones económicas. Sus puntos de vista económicos como todo su pensamiento social, se basaban en su ética y en su teología, ya que sus conceptos teológicos y económicos nunca  quedaron solo como ideas, sino buscaban concretarse en las realidades sociales y económicas del momento. La vida económica para este profeta de Dios no podía separarse de la vida cristiana en general. Sus puntos de vista en cuanto a la riqueza no era en buscar como “hacerse más rico”, sino como “hacerse más santo”, y como evitar caer en las garras del dinero. Un cristiano no podía hacerse rico, a pesar de que enseño a sus discípulos a ganar, ahorrar y dar todo el dinero posible a través del trabajo. El enseñaba que por derecho todos los bienes le pertenecen solo a Dios. El hombre es un simple mayordomo de los bienes que Dios le ha entregado en su soberana voluntad.

Hablando sobre sus principios o reglas básicas, lo que hoy diríamos normas éticas en cuanto al uso racional del dinero y el trabajo decía: “La primera de estas reglas sencillas es “gana todo lo que puedas”…debemos ganar todo lo que podamos, sin excedernos en el costo desmedidamente, sin pagar más de lo necesario. No debemos obtener dinero a expensas de nuestra salud. ..La segunda regla de prudencia cristiana decía, debemos ahorrar lo que podamos, sin gastarlo en deleites superfluos…Continua diciendo, después de ganar y ahorrar todo lo que se pueda, entonces debemos dar todo lo que podamos.

En enseñanzas posteriores advirtió sin embargo el peligro de observar las primeras dos reglas sin observar la última. La tentación de hacerse rico fue constante, al enseñar que la industria y el trabajo inevitablemente traerían riqueza y abundancia. Siendo que el contexto capitalista ingles de la época fomentaba el espíritu de hacer riquezas, muy pronto sus seguidores se tornaron ricos, y en pocos años, lo que fuera un movimiento de masas, se transformó en iglesia de “pudientes”.

Este mismo fenómeno aplica a las grandes denominaciones de los países industrializados, y puede también aplicar a sociedades tercermundistas que abogan por la teología del capital. Las circunstancias particulares de la pobreza y la miseria que conocía tanto en su propia sociedad como en su propia “iglesia” no podían permitir el mal uso de las riquezas y recursos que Dios les había dado en mayordomía. Por ello advirtió que aunque los metodistas ganaron todo lo que pudieran y ahorraran todo lo que pudieran, cualquier otro recurso “restante”, no era para ellos, sino para Dios a través de quienes más lo necesitaban. Este principio ético le llamaríamos el de justicia distributiva, o lo hoy preferimos llamar el principio ético de solidaridad con las más pobres.

Pudiera confundirse la apreciación de estos principios económicos con respecto al dinero y las posesiones materiales para ayudar a lo que se denomina el espíritu del capitalismo, como la tesis Weberiana lo menciona. Sin embargo, la diferencia es bastante grande, pues en tanto que aquel movimiento permaneciera fiel a sus principios de limitar la lucha por las ganancias, de advertir sobre el peligro de las riquezas y la acumulación del capital, de renunciar al acaparamiento de posesiones, de explotar al prójimo trabajador, y amarle, las diferencias se harían abismales. Como puede verse, el fundador del movimiento Metodista, no objetó el sistema económico de producción capitalista del inicio de la Revolución Industrial, como lo hiciera Kart Marx posteriormente; su evaluación fue ante todo de carácter ético y pastoral por las graves injusticias que generaba.

Impulso a sus seguidores a trabajar duro en el sistema, sin descuidar bajo ningún punto de vista el grave peligro que corrían si acumulaban riquezas para sí mismos, y no eran ricos para Dios. Les advertía a sus seguidores: …nunca lo olvides, en todos los tiempos la riqueza ha sido una maldición para el cristianismo autentico.

(Meléndez: 89)

Como puede observarse, estas nociones sobre el dinero, la riqueza y los bienes materiales contradicen todas las enseñanzas contemporáneas de que el dinero es signo de las bendiciones de Dios; muy al contrario, las riquezas y los bienes materiales cuando nos controlan a nosotros, como lo hacen hoy día se oponen al crecimiento en la gracia e impiden una experiencia espiritual genuina. La pobreza no se originaba por designio de Dios, ni por la indolencia de los más pobres, se debía más bien a las circunstancias económicas del momento que vivía Inglaterra.

En cuanto al papel que debía jugar la iglesia, el Metodismo ingles fue modelo de lo que era la encarnación del amor entre los más necesitados. La historia del metodismo en la Inglaterra del siglo XVIII, es la historia de una iglesia que se identifica con las necesidades materiales de los más pobres. Fue una iglesia profundamente compasiva.

Sin embargo, ante el fortalecimiento y la hegemonía económica del capitalismo mundial del siglo XXI, el mundo entero, y no solo una nación se han transformado en ricos y pobres, que nos lleva a la pregunta siguiente: ¿Es posible una economía con rostro humano basada en valores y principios éticos que puedan ser aplicables también a la vida de la iglesia en América Latina en pleno siglo XXI?

El sistema económico e ideológico del neoliberalismo que subsiste y se impone, y que nació en el siglo que estamos describiendo hoy, ha condenado a millones de personas en la pobreza extrema, a pesar de que la humanidad cuenta con inmensas fuerzas productivas. Como dice nuevamente Klisberg en la introducción de su libro Mas-ética más desarrollo:

“Véase el caso de las tres principales economías de la región. Brasil ocupa el puesto número ocho en el mundo en producto interno bruto anual y el 58 en producto interno per. Cápita. Sin embargo en expectativa de vida y analfabetismo su lugar es el número 108 y mortalidad infantil es el número 113. México es la duodécima economía del mundo en producto interno bruto y la 57 en producto interno per. Cápita, pero la numero 64 en expectativa de vida, la 92 en analfabetismo y la 108 en mortalidad infantil. Argentina es una de las mayores potencias alimentarías del planeta. Esta entre los cinco primeros países del mundo en producción y exportaciones de una larga serie de alimentos básicos como la soja, el trigo la carne entre otros. EN el 2002 exporto alimentos que podrían abastecer a 330 millones de personas. Su población es solo de 37 millones de personas. Sin embargo, 1 de cada 5 niños del Gran Buenos Aires tiene problemas de desnutrición, y la tasa es mayor aun en las provincias pobres del norte.” (Kliksberg: 9).

Según los expertos, las razones de la incapacidad del modelo neoliberal de solucionar los altos índices de pobreza en América Latina deben buscarse, entre otras causas, en la ineficacia del mercado en resolver por sí mismo los graves resabios del continente. En el paradigma del libre mercado se absolutizan sobre todos los otros criterios, los criterios de la productividad, la eficiencia, la competitividad para obtener los mejores beneficios económicos. Se identifica a todas las aspiraciones humanas con el plano puramente económico, aun a costa de sacrificar otros valores aun el de la vida misma.

En el libre mercado, siempre habrá ganadores y perdedores.

Los vencedores serán los que tengan un trabajo digno para adquirir los productos de la canasta básica para alimentar a sus familias, los perdedores, serán quienes no tengan los medios para hacerlo. El capitalismo nos ha demostrado que como sistema basado solo en las leyes del mercado y la oferta y la demanda, no es ni justo ni mucho menos solidario.

Por haberse desvinculado de la ética, las políticas económicas de los gobiernos y las entidades financieras internacionales, solo privilegian a los grandes inversionistas y a quienes tienen el poder adquisitivo de la compra. Sus leyes se regirán solo para quienes pueden ofertar mejor. La justicia para los más vulnerables quedan fuera del juego de la oferta y la demanda, como bien lo dice un experto en economía:

“EL modelo neoliberal plantea entre sus postulados la necesidad de concentrar la renta en sectores de altos ingresos. El propósito es que ellos asuman un rol protagónico en la inversión económica que, según este modelo, creara empleo, atraerá nuevas inversiones de origen externo y promoverá la aplicación de avances tecnológicos importantes para el proceso de la producción, generado así lo que se conoce como efecto “goteo”. La realidad del empobrecimiento de América

Latina y otros continentes del denominado tercer mundo, tiene que ver con el fracaso de estos paradigmas.” (Padilla: 107).

¿Qué reflexiones éticas conlleva señalar todas estas realidades?

¿Qué podemos hacer para que la economía deje de ser una ciencia técnica y asuma un lugar protagónico en los temas del hombre? ¿Cómo podemos realizar una revolución ética dentro del actual sistema de muerte e injusticia?

Una primera respuesta seria replantear el papel de la ciencia económica transformándola en ciencia al servicio no del mercado y el capital, sino en ciencia al servicio del hombre, como tema final y meta de la economía. La centralidad de la persona es la clave para encausar una economía con rostro humano. La calidad de vida del ser humano debe ser el índice que rige todos nuestros parámetros económicos.

Los actuales parámetros se miden solo en aspectos técnicos, materiales y financieros porque se centran en los objetos indicadores del crecimiento y el desarrollo material y cuantitativo de las cosas. De esa cuenta, la centralidad de la economía y el desarrollo se centrarían en las personas y no en los objetos, y la economía asumiría un papel protagónico ético de primera magnitud.

Considerando estas realidades, y desde una perspectiva puramente ética y evangélica, diríamos que los problemas del país y su desarrollo, lejos de ser problemas técnicos de carácter económico, son fundamentalmente problemas éticos y profundamente humanos.

En la economía de nuestros días, la palabra inversión está en labios de todos. Pero lo que no se dice es que esta inversión tiene que ser primariamente inversión en capital humano, en educación, en salud, en vivienda digna, y obviamente en empleos dignos para todas las personas económicamente activas. Los políticos nos hablan del gasto social y se supone que el presupuesto del estado apunta hacia la satisfacción de estas necesidades humanas. Desgraciadamente, y como regla general, la única inversión que se maneja es siempre la del interés económico o financiero, la del capital económico, pero La justicia nos exige condiciones mínimas para que el pueblo viva y se desarrolle de acuerdo a su dignidad humana.

La justa distribución de la riqueza en nuestros días no es repartir ni regalar lo que nos sobra, ni es quitar al que tiene para dárselo al que no tiene, cuando lo que tiene ha sido a costa de trabajo y tenacidad. Es más bien la actitud que asumimos ante las riquezas, y el beneficio que podemos obtener de ellas. El dinero en si no es malo, malas son las personas que la usan para su propio beneficio, y puede ser de mucha utilidad en personas que manejan la cosa pública a través del estado y los empresarios conscientes. De allí que se necesite personas probas y de indiscutible formación ética entre nuestros políticos y empresarios.

¿Qué papel juega la iglesia cristiana en este laberinto de temas ético económicos, y como puede contribuir al desarrollo de una nación más justa y humana? Su primer papel es ser protagónico en temas de justicia social y asumir papeles definidos en términos de buscar salidas y de orientar a políticos y empresarios para que cumplan su papel, a la luz de la ética social cristiana.

Un segundo papel es encarnar ella misma en el dolor y el sufrimiento provocado por la pobreza y la miseria del pueblo, buscando todas las formas posibles de ministrar donde más se necesita. Creo que este particular, muchas iglesias tanto de los países ricos como de los países pobres se han comprometido por lo menos aliviar el sufrimiento de millares de personas. Pero se necesita mucho más, y no es suficiente lo que se ha hecho.

Un tercer elemento es recordar a los verdaderos cristianos, que incluiría a los empresarios, profesionales, políticos, académicos y todos aquellos que han obtenido alguna riqueza material, que su riqueza debe medirse siempre en función de los demás, especialmente de quienes más lo necesitan. La inversión en las personas tiene que ser un proyecto prioritario de toda la sociedad, el estado, los empresarios, la iglesia, a fin de luchar juntos contra el terrible flagelo de la pobreza y la miseria de este país.

Un cuarto elemento es profundizar e investigar mucho más los temas como el presente, a fin de entregar a la iglesia evangélica una ética social protestante madura, especialmente en cuantos a los temas económicos se refiere. En ese sentido tenemos que reconocer la riqueza de la investigación que la iglesia católica ha manifestado en lo que se denomina doctrina social, o moral social de la iglesia.

El pueblo evangélico aún está en proceso de definir su propia identidad y conferencias como esta son necesarias para abordar temas importantes para fe y la sociedad en la que vivimos. La Fraternidad Teológica Latinoamericana, y los escritores de la Misión Integral, de lo cual forma parte mi libro, hacemos nuestro mejor esfuerzo para presentar alternativas y modelos para analizar temas teológicos con ojos críticos, porque así entendemos nuestro papel como educadores.

Un artículo periodístico que escribiera el licenciado Mauricio Barreda en el 2007, en una edición de Prensa libre parece resumir el contenido de esta conferencia, y nos ubica en el pasado, el presente y el futuro económico lo que nos espera a los guatemaltecos y Centroamericanos en general.

Según Barreda, el futuro económico de Centroamérica esta determinado por el Tratado de libre Comercio con los Estados Unidos; este modelo de desarrollo económico nos inserta en la economía global. Nuestro mercado en los últimos veinte años, según Barreda ha sido solo de exportación de materias primas, agrícolas y textiles, con fuerza de mano de obra barata y abundancia de recursos hídricos, naturales y de minería.

Continúa Barreda que las reformas institucionales jurídicas, económicas, y políticas han sido todas de corte Neoliberal, a fin de disminuir el papel del estado y fortalecer las empresas y el libre mercado. Asegura Barreda que el crecimiento económico ha sido débil e irregular, que la pobreza continúa galopante y se tiene un crecimiento desigual que genera violencia y hambre. Que como muchos países Tercermundistas somos países débiles que no impulsan mecanismo de redistribución. Asegura que la tributación es baja e injusta, y que la inversión social y las políticas de desarrollo son todas insuficientes. Tenemos muy bajos salarios y estamos sin cobertura en educación, salud y seguridad.

Afirma en su artículo Periodístico que tendremos impactos negativos del Tratado de Libre Comercio porque los beneficiados serán solo los monopolios nacionales e internacionales y las transnacionales que cuentan con todos los privilegios del estado para incrementar sus ganancias.

Los desafíos que nos esperan son luchar por una integración total de Centroamérica, a fin de hacer frente como un bloque de economías débiles y raquíticas; que se necesita fortalecer el estado que debe velar por la redistribución de la riqueza y luchar contra la inequidad social; aumentar la productividad mediante estrategias de políticas integrales en educación, salud, vivienda.

Como instrumentos para alcanzar un modelo saludable en el terreno económico, propone Barreda, lo que también a mi juicio son dos elementos clave para el desarrollo económico de nuestro país: 1. el modelo económico de desarrollo sostenible y 2. El modelo de la responsabilidad y ética social empresarial. Suficiente daño hemos hecho al planeta, para que nos demos cuenta que aún podemos el día de hoy cambiar el rumbo de nuestro país. La iglesia es la llamada a ser la voz de los sin voz y la conciencia social de nuestro gobernantes, empresarios, políticos y académicos.

Como vemos, los aspectos económicos de un país van de la mano con los aspectos políticos. Eso explica porque en América

Latina muchos gobiernos electos democráticamente son de tendencia izquierdista. Veamos el ejemplo de Chile y Brasil, recientemente el de Argentina, Uruguay, Paraguay, y ahora Guatemala con la Social Democracia.

El modelo económico Neoliberal impuesto o aceptado por la mayoría de nuestros países, ha sido hasta ahora incapaz de mejorar las condiciones sociales y económicas de la vida de sus habitantes. Los altos índices de pobreza y miseria no han podido ser eliminados, sino a contrario, la brecha entre ricos y pobres parece crecer cada día más. La calificadora de riesgo estadounidense Stándard and Poors concluye que el izquierdismo de los gobiernos de América Latina explica porque dos décadas de reformas económicas no han sido suficientes para mejorar los indicadores sociales de la región.

La Iglesia Cristiana Evangélica no puede pasar desapercibida todos estos elementos en el diagnóstico de nuestra realidad social guatemalteca y Latinoamericana en general. En pleno siglo XXI resulta inapropiado hablar tanto de la teología de la prosperidad para justificar el cristianismo de los cristianos ricos, así como de la teología de la liberación de los años 70, para justificar la lucha marxista de los cristianos pobres.

Ni Marxismo ni Capitalismo, ni ningún otro “ismo” creado por el hombre, son pertinentes para hablar a nombre de Dios. Es suficiente su evangelio y el poder de su muerte y resurrección, como los únicos garantes de esperanza y libertad para nuestros pueblos.

¿Qué podemos hacer entonces ante las realidades sociales y económicas de nuestro tiempo? No podemos negarlas ni rechazarlas, pero si podemos detenernos para estudiarlas, profundizar en el conocimiento de nuestro contexto y nuestra realidad, y abordar estos temas con integridad intelectual.

Como iglesia necesitamos desarrollar planes de acción definidos a la luz del Evangelio y la ética Cristiana. El Evangelio nos ordena Amar como principio medular de todas nuestras relaciones económicas y sociales. Dios se encarnó, y se hizo humano para humanizar también nuestras instituciones sociales, y encargo a su iglesia difundir su Evangelio, tal como lo anuncio el Pacto de Lausana en 1974, que recoge la mejor definición que tenemos como iglesia de

Cristo, y con la que concluimos esta conferencia:

“Afirmamos que Cristo envía a su pueblo redimido así como el Padre lo envió a Él, y que esto exige una penetración igualmente profunda y costosa en el mundo. Necesitamos romper el muro de nuestros guetos eclesiásticos y pernear la sociedad no cristiana…La iglesia esta en el centro mismo del plan cósmico de Dios, y es el medio que El ha designado para la difusión del Evangelio…La iglesia es la comunidad del pueblo de Dios y no una institución, y no debe identificarse con ninguna cultura, sistema social o político, o ideología humana en particular.“ IGLESIA Y EVANGELIZACION.